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Cómo afecta la altura al cuerpo del corredor

viernes, 15 de febrero de 2019
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Como ya saben los corredores que practican el entrenamiento de altura, no es lo mismo correr a nivel del mar que a una altura entre 1.000 o 1.500 metros, pues los efectos de la actividad física serán diferentes.

Es por eso que es importante prestar atención a los cambios que se producen en nuestro organismo cuando nos ejercitamos en altura. Y es que, a los 1.000 metros, ya comienza a variar la presión y la cantidad de oxígeno en el aire, aunque no es hasta los 1.500 metros que nuestro cuerpo comienza a sufrir cambios fisiológicos importantes, sobre todo a aquellas personas que no se han ido adaptando paulatinamente a los efectos de la altitud.

Primero, cuanta más altura, menos oxígeno podemos respirar. Esto no quiere decir que haya menos cantidad de oxígeno en el ambiente, sino que la presión de ese gas de hace menor y, por lo tanto, dificulta más que pase por nuestros pulmones y, en definitiva, que el oxígeno que podemos respirar sea menor. Una consecuencia directa de esto es el aumento de nuestra frecuencia respiratoria, especialmente cuando superamos los 2.000 metros de altura. Se trata de una sensación de falta de aire que dependerá de lo acostumbrados que estemos a estar expuestos a esta clase de altura y a nuestra condición física.

Cuanta más altura, corremos más peligro de sufrir deshidratación, y es que la temperatura del aire suele descender 1 grado por cada 150 metros de altitud, de forma que, cuanta mayor altitud, la humedad absoluta de hace más baja, favoreciendo la deshidratación del corredor. El aire seco que nos encontramos cuando subimos en altura es el principal responsable de que perdamos agua, debido a la evaporación respiratoria y a través del sudor.

La altura también es peligrosa para nuestra piel ya que, cuanta mayor altitud, más riesgo tenemos de sufrir quemaduras, debido al incremento de las radiaciones solares. Es por eso que es recomendable llevar con nosotros protección contra el sol cuando salimos a correr en altura. Y tampoco podemos olvidarnos de que, a mayor altitud, también aumenta nuestra frecuencia cardíaca, pues el volumen plasmático de la sangre disminuye. Esto provoca que haya una mayor concentración de glóbulos rojos en sangre y que al corazón le cuesta más bombearla, compensándolo aumentando el número de latidos por minuto.

Finalmente, cuando corremos en altura, producimos una mayor cantidad de ácido láctico, que no es otra cosa que un compuesto químico resultante del uso de glucosa por nuestro organismo como combustible para compensar la falta de oxígeno, situación que se da especialmente con ejercicios de alta intensidad y/o en altura. De esta forma, al generar una mayor cantidad de este compuesto, sufriremos fatiga a una velocidad más rápida que si nos ejercitáramos a nivel del mar. 

Cuando nos enfrentamos a carreras muy exigentes, que se desarrollan a muchos metros de altitud, como es el caso de la Fred.Olsen Tenerife Bluetrail, si no estamos habituados a correr en altura, podemos sufrir problemas relacionados con las consecuencias sobre nuestro organismos presentadas anteriormente. Es por eso que, antes de este tipo de competiciones, es conveniente llevar a cabo entrenamientos de altura, para que nuestro cuerpo se habitúe.

Editor Bluetrail

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